10 junio 2022

Flexibilidad y Resistencia: contrarios, pero no enemigos.

Por Florinda Pargas Gabaldón.

Últimamente se ha puesto de moda hablar de flexibilidad y resiliencia, como fórmulas mágicas que nos pueden hacer superar cualquier situación. Con los tiempos tan dinámicos y cambiantes que vivimos, realmente se hace necesario desarrollar esta capacidad de adaptarse con facilidad a las diversas circunstancias, o para reacomodarnos a las nuevas normas y protocolos que la migración digital y la cuarta revolución industrial, están generando. Sin embargo, no podemos dejar de lado a la resistencia y firmeza necesarias, en las ideas, principios, valores y creencias, que impiden que nos dobleguemos, ante fuerzas externas.

Cambiar, sin foco, sin norte y sin propósito, puede traer graves consecuencias, así como mantenernos rígidos, por demasiado tiempo. Reconocer los puntos de inflexión, esos eventos, momentos o situaciones que marcan un antes y un después en nuestra historia, es la clave, para avanzar, de la mano de la flexibilidad y la resistencia, usándolas como herramientas complementarias que nos ayuden a tomar decisiones, sin perdernos en el camino, cuando esos sucesos que ocurren en un instante, que definen y cambian nuestro rumbo, se presentan.

Fortalecer la flexibilidad (física y mental), es fundamental para transitar saludablemente estos tiempos de cambio y transformación que nos ha tocado vivir. Ser consciente de las nuevas realidades, entornos y ecosistemas que se están generando, nos ayudará a saber cuándo, cuánto y cómo dosificar estas fuerzas contrarias (resistencia y flexibilidad), que se complementan.

Desde el punto de vista físico, es importante trabajar la flexibilidad de nuestro cuerpo, desde una mirada sistémica, mirándolo como contenedor de todo nuestro ser (físico, mental y espiritual). Alimentación saludable, incorporar prácticas como el yoga, pilates u otra clase de deportes, hacer estiramientos matinales y conectar todo esto con nuestra respiración consciente, activan toda la red neuronal, hormonal y emocional, que estimula nuestro bienestar y enfoque, fortaleciendo nuestro sistema inmune, la flexibilidad cognitiva y emocional.

La flexibilidad cognitiva y emocional es la capacidad que tiene nuestro cerebro para adaptar nuestras conductas, pensamientos y emocionalidad a momentos cambiantes, nuevos e inesperados, pudiendo tener en cuenta diferentes perspectivas a la vez, permitiendo usar nuestra gestión emocional para podernos adaptar a nuevas situaciones, especialmente si son abruptas y en las que no sabemos cómo desenvolvernos, apoyando nuestras acciones y nuevos esquemas mentales, transformando los patrones viejos en los necesarios en estos momentos.

Para ello, tenemos que dejar atrás rutinas y hábitos, formas de comportamiento y de pensamiento instauradas, que ya no son útiles. Gracias a esta habilidad, conseguimos adaptarnos mejor a los cambios que podemos encontrar en el camino hacia nuestros objetivos, además es una capacidad que debe ser fortalecida desde la niñez, para que madure de forma adecuada, tal como lo señala mi amiga y aliada, la Psicopedagoga Gloria Pérez (@gloriapsicopedagogia).

La flexibilidad cognitiva y emocional es una función ejecutiva. Estas funciones hacen que nos diferenciemos del resto de especies ya que nos dotan de habilidades estratégicas, pensamientos complejos y abstractos que nos ayudan a mejorar nuestro comportamiento y conseguir nuestros objetivos gracias a una mayor elaboración mental.

¿Cómo podemos fomentar la flexibilidad cognitiva y emocional, entrenando la capacidad de adaptación?

  • Metacognición: Observa tus pensamientos. Adquiere una posición más alejada de la situación, la cual te permitirá verla con una perspectiva más amplia y dificultará el dejarte llevar por patrones más automáticos e inconscientes que nos llevan a actuar siempre de una misma manera. Desde la postura del que observa te será más fácil ver opciones diferentes a tener en cuenta a la hora de actuar. Identifica tus pilares fundamentales, sistema de creencias y paradigmas, lo que es negociable, lo que no, tus razones y argumentos.
  • Reenfoque: Potencia la valoración de las diferentes perspectivas. Busca nuevas formas de resolver los conflictos o las situaciones cotidianas, potencia una actitud más creativa, no quedándote en una única opción si no buscando diferentes posibilidades.
  • Escucha Activa: Atender y entender lo que otros dicen y hacen, con atención, ante diferentes situaciones. La valoración de los diferentes argumentos utilizados tanto por uno mismo como por el resto de las personas, facilita la apertura a una nueva forma de ver las situaciones y a tener en cuenta distintos aspectos de una misma situación.
  • Disrupción: Viajar a la Zona Incomoda. Romper la rutina. Intentar hacer cosas nuevas y mantener la curiosidad por el aprendizaje. Conocer gente nueva, viajar, aprender un idioma nuevo o innovar en una actividad que ya realizabas anteriormente.
  • Pensamiento Creativo: Desarrolla tu creatividad. Potencia una actitud que te permita tener una perspectiva más amplia de la situación, esto facilitará el encontrar soluciones alternativas a un mismo problema.
  • Respiración consciente y ejercicio: La actividad física facilita la liberación de endorfinas y serotonina, neurotransmisores que favorecen el desarrollo de la flexibilidad cognitiva.
  • Gestionar las emociones: Hay algunas emociones que rechazamos, como la tristeza o el miedo. La tristeza es una de las emociones que más rechazamos. Creemos que nos va a bloquear y que nos quedaremos sumidos en ella, de por vida. Sin embargo, como cada emoción, busca establecer una estructura en nuestra vida, detenernos a reflexionar, para avanzar, vivir el duelo. También rechazamos el miedo ¿Qué es lo que nos produce miedo de la nueva situación? Tal vez nos dé miedo la pérdida o lo desconocido. Encontrar la raíz de nuestro miedo puede hacer que lo identifiquemos y podamos superarlo.
  • El pasado como aprendizaje: Las crisis no son situaciones únicas que vivimos en nuestra vida, tienen ciertas similitudes con  anteriores vivencias. De esas etapas pasadas podemos obtener aprendizaje que nos ayuden en estos momentos. Una de esas enseñanzas es que todo acaba pasando y dejando una lección de aprendizaje.
  • Soltar y avanzar: Nos resistimos a las crisis, porque no dejamos atrás lo que realmente ya hemos perdido. No queremos soltarlo, cuando ya físicamente ha dejado de existir. Permanecer ahí aferrados no nos ayuda ni nos produce ningún bien. Movilizar todos nuestros recursos emocionales, para aceptarlo y avanzar, es imprescindible.

Todos, en determinados momentos, podemos llegar a ser más rígidos o resistentes de lo necesario (por ejemplo, cuando necesitamos que algo se dé de una forma determinada, porque si no es así consideramos que está mal hecho), es importante detectarlo y activar otras perspectivas, para saber identificar el momento de inflexión, que requiera ese cambio de foco o la profundidad de un nuevo modelo de creencias y paradigmas.

Las situaciones nuevas, siempre nos van a demandar que dejemos atrás esquemas emocionales rígidos y fluyamos en el cambio. Si entrenamos y potenciamos una mente más flexible conseguiremos afrontar las dificultades satisfactoriamente favoreciendo nuestro bienestar. Al cerebro no le gusta cambiar, necesita las rutinas, esquemas y patrones, pero dicho cambio es inevitable y debemos movilizar nuestros recursos para aceptarlo y acabar transitando por él, con equilibrio y coherencia, entre lo que sentimos, pensamos y hacemos, usando todas nuestras habilidades y capacidades, todo nuestro arsenal y caja de herramientas, a nuestro favor.

¿Te animas a revisar y fortalecer tu Caja de Herramientas 4.0?

Entonces, te invito a leer mi articulo «Primeros Auxilios Organizacionales: Herramientas para Gestionar la Crisis» para que conozcas más de estas herramientas, ponerte en contacto y juntos podamos diseñar una ruta de mejora y oportunidades.

Te escucho, te abrazo y te acompaño en el proceso.

Florinda Pargas Gabaldón

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